Conocimiento y muerte

Los resultados terribles del conocimiento ajeno es un tema bíblico que utiliza Gabriel García Márquez en la historia de Macondo y, por eso, la de América Latina. Desde la llegada de los españoles al Caribe, el cristianismo ha formado una parte grande de la cultura latinoamericana. En su novela, García Márquez juega con una idea encontrada en las primeras páginas de la Biblia: las consecuencias terribles del conocimiento prohibido. La destrucción que sigue la llegada de los forasteros al pueblo que antes no había sufrido ni una muerte refleja las consecuencias del pecado de Adán y Eva en el jardín de Edén. En ambos casos, la gente no está contenta con lo que tiene y persigue el conocimiento de una fuente prohibida. La nueva forma de conocimiento es diferente de la antigua en que promueve metas diferentes y ofrece otro tipo de alegría. Sin embargo, en vez de traer más alegría, este nuevo conocimiento trae aislamiento a la gente y la esperanza que ofrece está demostrada a ser falsa. Ahora hay dos versiones de la verdad que se enfrentan a los protagonistas—la que ya existía y la nueva—y hay que escoger para sí mismo el camino que quiere seguir.

     El relato de Adán y Eva provee el mejor ejemplo del sufrimiento que resuelta de poner la fe en el conocimiento falso, pero ¿hay también la posibilidad de encontrar conocimiento verdadero? En Cien años de soledad, solo hay un miembro de la familia Buendía que encuentra la verdad: José Arcadio Segundo, quien es la única persona que sabe la historia verdadera de una masacre de obreros. De la Biblia, el apóstol Pablo del Nuevo Testamento se salva por su encuentro con el conocimiento verdadero y la creencia que resulta. Como Pablo, José Arcadio Segundo está cambiado por su conocimiento, pero, distinto del apóstol, no es un giro positivo. Eventualmente, José Arcadio Segundo se vuelve loco y nadie cree lo que dice sobre los acontecimientos. Por otro lado, la mayoría de la gente de la novela escoge el conocimiento falso del forastero. En su estudio Solitude and Solidarity, el crítico Michael Bell dice que la pérdida del estado inocente de la gente de Macondo “… gestures forcefully to important limitations and to their largely unwitting consequences… The effect is to suggest the continued impact of historical and pre-historical experience in the psyche of the present” (44). La preferencia peligrosa para el conocimiento ajeno se demuestra primero por el poder dado a los gringos por los ciudadanos de Macondo y sigue hasta el fin de la novela. El último Buendía, Aureliano Babilonia, muere cuando acaba de leer los pergaminos del gitano Melquíades que predicen la historia del pueblo: “… antes de llegar al verso final ya había comprendido que no saldría jamás de ese cuarto, pues estaba previsto que la ciudad [Macondo]… sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos… (García Márquez 495). El tratamiento del conocimiento en Cien años es un vehículo para mostrar los peligros de poner la fe en las promesas del extranjero a costa de las propias tradiciones.

El conocimiento verdadero y falso

     El relato de las acciones de Adán y Eva en el tercer capitulo de Génesis es el ejemplo por excelencia en la cultura occidental de los peligros de la persecución del conocimiento prohibido. Según el tercer verso, los dos ocupantes del paraíso del Jardín de Edén saben el único mandato de Dios: “Pero en cuanto a comer del fruto del árbol que está en medio del jardín… ‘No deben comer de él, no, no deben tocarlo para que no mueran.’” Sin embargo, ambos escuchan las promesas de una serpiente ajena que les sugiere que coman la fruta del árbol prohibido. Los dice que tendrán conocimiento como el de Dios y que no van a morir. En cambio, después de que Dios los encuentra con su nuevo conocimiento, ellos están exiliados del Paraíso para el resto de sus vidas físicas y se vuelven malditos: “… Aumentaré en gran manera el dolor de tu [Eva] preñez… maldito está el suelo por tu [Adán] causa… vuelvas al suelo, porque de él fuiste tomado” (Génesis 3:16-17, 19).

El conocimiento prohibido

Fuera del Paraíso, son perdidos y sin la seguridad de una verdad garantizada. Ya han vivido en la presencia de Dios, pero les aplica a ellos la descripción que da George McMurray de los habitantes de Macondo después de la llegada de los gringos, que ellos “… no longer know for certain ‘where the limits of reality lay” (Gabriel García Márquez 91). Esta confianza en una mentira propagada por un extranjero, y los problemas consiguientes, provee un ejemplo que siguen los ciudadanos de Macondo.

     En las primeras páginas de Cien años, se aprende que el pueblo de Macondo fue fundado literalmente para escaparse de los fantasmas del viejo mundo. En su primer pueblo, José Arcadio Buendía mata al hombre Prudencio Aguilar por su honor y el fantasma de Aguilar ronda a Buendía y su esposa, Úrsula. Para quitarse del fantasma, José Arcadio lo dice que “Nos iremos de este pueblo, lo más lejos que podamos, y no regresaremos jamás. Ahora vete tranquilo” (García Márquez 35).

El exilio
El exilio

El resultado de este viaje es Macondo y, durante los primeros años del pueblo, existe como un paraíso: “… en aquel tiempo no había cementerio en Macondo, pues hasta entonces no había muerto nadie…” (Cien años de soledad 57). Hay un viaje por José Arcadio que intentó a encontrar un camino que conectara Macondo al resto del mundo pero fracasa. Es por los esfuerzos de una mujer que los gringos llegan al pueblo: “Úrsula… encontró la ruta que su marido no pudo descubrir en su frustrada búsqueda de los grandes inventos” (García Márquez 51). No es exactamente como la Biblia, porque los gitanos ya han entrado el pueblo y traído sus misterios, pero eventualmente es por los extranjeros traídos por Úrsula, y su gobierno que llega a gobernar Macondo, que el pueblo está arruinado. La interacción con los forasteros no era prohibida explícitamente tampoco, sino el fracaso del viaje de José Arcadio parece ser una advertencia. Un primer paso en la destrucción es la pérdida de los mitos y su reemplazo por la ciencia moderna.

     Al comienzo, los mitos forman una parte integral de la vida cotidiana de Macondo y los gitanos son la fuente principal. Los gitanos, y Melquíades en particular, traen cosas increíbles a Macondo, como “la octava maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia” y “el último descubrimiento de los judíos de Amsterdam”  (García Márquez 9, 11). Lo increíble forma parte de la vida en Macondo y no está cuestionado. Esta aceptación contrasta explícitamente con la naturaleza misma de la ciencia moderna. Según el escritor Carlos Fuentes en su ensayo “García Márquez: On Second Reading,” el enfoque que Macondo, un pueblo que modela América Latina, tiene en el mito muestra la tensión que ha existido desde que Colón vino al Caribe: “The New World was conceived of as the Utopia… Europe needed to create a new space that would confirm the extent of the known world” (26). Después de la introducción del “progreso” de la ciencia, el entendimiento llega a reinar; cuando José Arcadio Buendía ve una estera voladora que han traído los gitanos, le explica al hijo que comparte su nombre que: “‘Nosotros volaremos mejor que ellos con recursos más científicos que ese miserable sobrecamas’” (García Márquez 45). El patriarca mismo pierde su aceptación inocente de lo que ven sus ojos y se hace encarcelado por la razón y las explicaciones. El punto significativo es que las semillas de la ciencia llegan por los gitanos también: mapas y instrumentos de navegación, además de otros, son regalos de Melquíades a José Arcadio Buendía (García Márquez 12). La gente que ha prometido tantas cosas con sus leyendas facilita también la aceptación alegre por Macondo de las cosas modernas que los gringos pueden ofrecer.

     Como lo que ofrece la serpiente de Génesis, la muerte es una consecuencia del conocimiento de los gringos: ellos llegan a oprimir Macondo por enredarlo en sus ideas y la promesa de su lujo. Después de algunas generaciones de interacción entre los extranjeros, su gobierno, y Macondo, es un Buendía que destruye el pueblo creado por su bisabuelo: “De la antigua aldea de José Arcadio Buendía sólo quedaban entonces los almendros polvorientos… y el río de aguas diáfanas cuyas piedras prehistóricas fueron pulverizadas por las enloquecidas almádenas de José Arcadio Segundo” (García Márquez 235). Los abusos por un Buendía que persigue la riqueza de los gringos a pesar de como afecta su propia aldea prefiguran los abusos que sufre una gran cantidad de gente que trabaja para el gringo Jack Brown y su compañía bananera. Los obreros se quejan a todos los niveles de las autoridades sobre los abusos del sistema de la bananera, pero se los dice que “… las reclamaciones carecían de toda validez, simplemente porque la compañía bananera no tenía, ni había tenido nunca ni tendría jamás trabajadores a su servicio sino que los reclutaba ocasionalmente y con carácter temporal” (García Márquez 360). Eventualmente, José Arcadio Segundo, ahora enfocado en los derechos de los obreros, experimenta personalmente las consecuencias de las promesas del gringo y se cambia por el conocimiento.

El aislamiento de la verdad  

     Después de los años que él pasa persiguiendo riqueza y celebrando fiestas, José Arcadio Segundo convierte a la causa de los obreros. Así se encuentra en una plazoleta, parte de una huelga que ha resultado de los abusos de la compañía bananera. El ejército nacional viene “para mantener el orden,” pero su propósito verdadero se revela así: “El capitán dio la orden de fuego y catorce nidos de ametralladoras le respondieron en el acto” (García Márquez 364-365). José Arcadio Segundo se despierta en el vagón de un tren, rodeado por los obreros muertos “que iban a ser arrojados al mar como el banano de rechazo” (García Márquez 367). Cuando se escapa, él se hace el único testigo vivo del lado horrífico de la compañía bananera. El resto del mundo cree la mentira dada por la compañía, que “no hubo muertos, los trabajadores satisfechos habían vuelto con sus familias” (García Márquez 370). Eventualmente, José Arcadio Segundo no puede continuar a vivir con su conocimiento en un mundo que no se lo cree y pierde su mente.

     Las promesas del gringo culminan en una mentira: la única persona que sabe la verdad se vuelve loca y aislada. Esa segunda condición cita García Márquez en una entrevista como la causa de los problemas del pueblo: “… their solitude, that is, their lack of solidarity. The frustration of Macondo comes from there, and the frustration of everything, everything, everything” (Conversations with Gabriel García Márquez 13).

La unidad de la verdad

El aislamiento de José Arcadio Segundo demuestra que Cien años de soledad no tiene la posibilidad de salvación que contiene la Biblia. En el relato famoso de la conversión de Pablo, el judío está confrontado por una visión de Jesucristo que le acusa de perseguir a su gente (Hechos 9:5). Después, Pablo es un hombre diferente. Sabe la verdad, que es un hombre pecaminoso salvado por el sacrificio de Jesucristo, pero no se queda solo. Tres días después, está unido con otros cristianos, quienes comparten sus creencias (Hechos 9:9, 17). Distinto de Cien años de soledad, Pablo vive el resto de sus días unido a esa gente, aunque viaja a lugares que no son favorables al cristianismo. En la Biblia, la verdad representa la salvación: hay el Jesucristo que puede salvar a la gente que las acciones de Adán y Eva han condenado a morir. En Cien años, sólo hay la muerte que resuelta del conocimiento prohibido.

La esperanza de la verdad 

     Cuando Dios les destierra a Adán y Eva del Paraíso, les condena a la muerte. Sin embargo, al fin de una de las declaraciones que dice Dios sobre los acontecimientos hay la promesa que será alguien que vencerá a la serpiente: “Y pondré enemistad entre tu [la serpiente] descendencia y la descendencia de ella. Él te magullara en la cabeza y tú le magullarás en el talón” (Génesis 3:15). Según el cristianismo, la interpretación correcta de esta declaración es que esta descendencia aparece a Pablo en una visión y le convierte: es el Jesucristo que está crucificado. El Pablo convertido puede decir que “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Esta alegría no se encuentra en el fin de la historia de la familia Buendía.

El dolor de la verdad

El último Aureliano adulto, Aureliano Babilonia, alcanza lo que las generaciones anteriores habían intentado sin éxito: interpreta los pergaminos escritos por el gitano Melquíades: “[Aureliano Babilonia] sabía que en los pergaminos de Melquíades estaba escrito su destino… Era la historia de la familia, escrita… con cien años de anticipación” (García Márquez 493). Desafortunadamente, este conocimiento no le ofrece salvación. En el mundo de los Buendías, el aislamiento es un estado tan fuerte que no se lo puede vencer para salvarse. Por eso tenemos esta frase larga que termina la novela y es terrible y hermosa al mismo tiempo:

Sin embargo, antes de llegar al verso final ya había comprendido [Aureliano Babilonia] que no saldría jamás de este cuarto, pues estaba previsto que la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, y que todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra. (García Márquez 495)

Conclusión

     El tratamiento del conocimiento en Cien años de soledad permite a García Márquez que comente sobre los peligros de confiarse en las promesas de extranjeros a la exclusión de los propios deseos y metas. No se sabe que, cuando José Arcadio Buendía se interesa en los gitanos, resultará en la terminación de su estirpe, sino sigue el camino de Adán y Eva todavía. José Arcadio Segundo se da cuenta que el conocimiento ajeno ha traído sólo muerte, pero nadie le escucha y muere aislado. Según el cristianismo, la historia de Adán y Eva tiene alegría porque contiene el Salvador del mundo, pero no hay tal salvador entre los Buendías. El conocimiento los ha separado y así mueren.

Citas

Buonarroti, Michelangelo. Deckenfresko zur Schöpfungsgeschichte in der Sixtinischen Kapelle, Hauptszene: Ursünde und Vertreibung aus dem Paradies. 1508-1512. Sistine Chapel, the Vatican.

Reina-Valera 1960. Spain: Sociedades Bíblicas en América Latina, 1988.

Rubens, Peter Paul. Adam and Eve. 1628-1629. Museo del Prado, Madrid.