Poder y mujer

La mujer más bella en todo el mundo

     Remedios, la bella provee lectores de Cien años de soledad con una paradoja; ella es la mujer más bella en el mundo, pero es también causa de muerte y depresión para los hombres. Es, al mismo tiempo, una fuente de adoración y una de sufrimiento. Por su estatus, se la compara a una mujer famosa de la fe católica: la Virgen María. Es una comparación hecha frecuentemente, pero Remedios falta un aspecto clave de María: no tiene el papel redentor de María. Al contrario, ella es una causa de muerte en vez de vida. El narrador de Cien años dice que “En realidad, Remedios, la bella, no era un ser de este mundo” (García Márquez 239). No vive según las costumbres normales y no responde a los acontecimientos como la gente normal. Éste la sirve bien, porque percibe cuando los hombres tratan de engañarla y no sigue las costumbres de los gringos: “… una lucidez penetrante le permitiera ver la realidad de las cosas más allá de cualquier formalismo” (García Márquez 240). Desafortunadamente, se ignora esta sabiduría. Eventualmente, una tarde, Remedios, la bella, sube al cielo, lo cual imita también lo que dice la tradición católica sobre la Virgen María. El contexto de su subida no sigue María porque no recibe adoración por su santa vida sino sólo por su belleza física. Esta manipulación de la figura de la Virgen María funciona para crear una crítica del tratamiento de las mujeres por los hombres. Por subir al cielo, Remedios, la bella, se escapa de las expectativas de los hombres, lo que la crítica Lorraine Elena Roses describe como tener “‘domesticity and sentimentality as the only avenues through which women could define themselves (One Hundred Years of Solitude: A Casebook 67). Su belleza podría encarcelarla, pero Remedios, la bella, vive su vida de una manera que le da libertad y sirve como ejemplo de los peligros del culto de la belleza física.

La Virgen en el cielo

La Virgen en el cielo

Una vida tan diferente

     Aunque su belleza la eclipsa para la mayoría de la gente, la vida de Remedios, la bella, es muy notable. Ella no sigue las reglas y normas como la otra gente, aún a las prácticas más básicas, como lavarse: “Hasta muy avanzada la pubertad, Santa Sofía de la Piedad [su madre] tuvo que bañarla y ponerle la ropa, y aun cuando pudo valerse por sí misma había que vigilarla para que no pintara animalitos en las paredes con una varita embadurnada de su propia caca” (García Márquez 239). No es irregular que una mujer famosa por ser hermosa crezca sin seguir de las reglas sociales, pero Remedios, la bella, aun no concibe el mundo dentro el mismo modelo que el resto de la población. Empieza a bañarse cuando tiene más años, pero parece que ella ni siquiera reconoce su propia belleza, aun cuando está sola y a distancia de los hombres que la persiguen:

Luego [durante su rutina diaria] se echaba agua de la alberca con una totuma. Era un acto tan prolongado, tan meticuloso, tan rico en situaciones ceremoniales, que quien no la conociera bien habría podido pensar que estaba entregada a una merecida adoración de su propio cuerpo. Para ella, sin embargo, aquel rito solitario carecía de toda sensualidad, y era simplemente una manera de perder el tiempo mientras le daba hambre. (García Márquez 280)

No es tan sorprendente que alguien no valga las cosas materiales, como el dinero, sino Remedios no reconoce la belleza que pueda servir para obtener cosas más abstractas como poder y fama. Es obvio que esta mujer no perciba el mundo, no valga las cosas como la sociedad que la rodea. Sin embargo, es esta perspectiva misma que la protege de los hombres que la codician por solo su apariencia.

Una perspective tan diferente

     Remedios, la bella, no se da cuenta de su belleza, mientras que los hombres que la rodean no puede ignorarla. Normalmente, la sociedad de Macondo está dominada por las opiniones y ideas de los hombres. Otra vez según el ensayo de Roses, en Cien años de soledad, “Males lay claim to the prerogatives and requisite spaces for engaging in imaginative, scientific, and sexual pursuits…” (A Casebook 67). Así se cree que Remedios, la bella, va a someterse a alguno de los pretendientes que le persigue. Hay hombres groseros, “que se disfrazaban de curas para decir misas sacrílegas en la tienda de Catarino,” y aun un hombre ajeno “con un vestido de pana verde y un chaleco bordado… gallardo y reposado…” (García Márquez 237, 238). No obstante, Remedios se queda sola y aun no reconoce los intentos de noviazgo de los pretendientes. Ella puede percibir las intenciones detrás de los intentos de los hombres y entiende que, a pesar de la ropa bonita, los deseos de ellos son físicos. Y ella no vale la belleza física por nada. Por eso, cuando se está enfrentada con un hombre que levanta una teja del techo arriba de la bañera de Remedios para verla durante su baño diario, puede decir “sinceramente que nunca se casaría con un hombre tan simple que perdía casi una hora… sólo por ver bañarse a una mujer” (García Márquez 281). Su vida se queda sin obligación a cualquier hombre.

     Otro valor de las percepciones de Remedios, la bella, se revela cuando los gringos llegan al pueblo y el desarrollo urbano e industrial de Macondo crece a la cumbre. La compañía bananera llega a dominar Macondo y sus ciudadanos. Lo que Macondo vale, y su manera de medir el valor, cambia para seguir las normas de los gringos. Distinta del pueblo, Remedios, la bella, no cambia para tener en cuenta los forasteros durante este período. Dice el narrador durante esta parte de la novela que “Remedios, la bella, fue la única que permaneció inmune a la peste del banano” (García Márquez 277). Es posible que esta sabiduría ilumine un poco por qué Remedios, la bella, tiene la distinción de ser el único miembro de la familia Buendía que no muere, lo cual sube al cielo en vez de acostarse en el suelo.

La Ascención de Remedios, la bella

La subida de la Virgen

La subida de la Virgen

     Un día, durante la tarde, “Remedios, la bella, empezaba a elevarse… y [las sábanas] se perdieron con ella para siempre en los altos aires donde no podían alcanzarla ni los más altos pájaros de la memoria” (García Márquez 286). Es la súbida de Remedios, la bella, al cielo que invita las comparaciones a la Virgen María. Sin embargo, estas comparaciones existen al lado del hecho que Remedios, la bella, ha sido una fuerza destructiva durante su vida, como observa el crítico George McMurray: “… the rise heavenward of Remedios the Beauty [is] an incident often compared to the Assumption of the Virgin Mary. The girl’s fabulous physical attractions include not only her comely face and body, but also her tormenting ‘breath of perturbation’… so disturbing to members of the opposite sex. Her beauty causes the death or ruination of at least four men…” (Gabriel García Márquez 91). Normalmente, una comparación a la María no se la hace sin razón y aquí la razón es que los hombres adoran a Remedios, la bella. Hombres, como el forastero con ropa elaborada y el hombre que la mira del techo, ponen su fe en ella. Sin embargo, se lo hace por su apariencia física y no por sus acciones. Este culto se revela como una maldición cuando esos hombres mueren. El forastero muere “revolcado en sus propias excrecencias en la tienda de Catarino” y el otro “se rompió el cráneo y murió sin agonía en el piso de cemento” (García Márquez 239, 282).

La Virgen y la bella

     Según la Constitución apostólica del Papa Pius XII, la Virgen María pasó una vida sin pecado y así “she was not subject to the law of remaining in the corruption of the grave, and she did not have to wait until the end of time for the redemption of her body.” Ella era digna de subir al cielo por su santa vida, una vida que dio a luz Jesucristo e inició así la salvación del mundo fuera de la cultura judía. Remedios, la bella, no tiene nada parecida en su vida. Su vida se caracteriza por su aislamiento del mundo y no salva a nadie. Aun cuando levanta al cielo, lleva las sábanas de su tía Amaranta sin pedírselas. Es una mujer que no se debe adorar, sino que su belleza tiene tanto valor para los hombres que lo hacen todavía. Así muestra García Márquez una crítica de las prioridades de los hombres.

     La crítica se demuestra en que los hombres elevan la belleza física encima de cada otra cosa, específicamente cuando esa belleza no se puede obtener. Para ellos, la belleza ofrece una esperanza, una razón para vivir. La posibilidad que ganen el cariño de la mujer más bella en el mundo confirma lo que dejan y hacen para perseguirle. Del forastero con ropa elaborada, “Se rumoreaba que había abandonado poder y fortuna en su lejana nación” y su ejemplo ilustra lo que los hombres darán para tratar de obtener su cariño (García Márquez 239). Sin embargo, se critica esta fasinación por la muerte que resuelta. Es posible que Remedios, la bella, suba al cielo porque ha vivido toda su vida intentando instruir a los hombres, aunque no ha tenido éxito. Por su manera de vivir que ha existido al lado de su belleza, esta mujer ha intentado demostrar los peligros del culto de lo físico. Ella ha pasado su vida sin dar importancia a su estado físico y con sus intentos de enseñar. Sin embargo, García Márquez construye su vida en una manera que la hace distinta de su inspiración bíblica.

Conclusión

     Aunque su belleza pueda encarcelarla, la vida de Remedios, la bella, le da libertad y demuestra los peligros de obsession con la belleza física. Sirve como un tipo de María, por la adoración que se la dan, las lecciones que da, y su ascención al cielo. La apariencia física de esta mujer recibe toda la atención de los hombres que la rodean, pero no se dan cuenta de la sabiduría que ella demuestra. Remedios, la bella, se protege del ejército de pretendientes que quiere casarse con ella y les demuestra la inutilidad de su fasinación con las apariencias por ignorar todos sus intentos y peticiones. También, escoge vivir de una manera que le permite hacer lo que quiera sin obligarse a nadie. Por esta vida, ella sube al cielo en vez de morir, y así nos provee con otro ejemplo de la manipulación de un mito bíblico.

Obras citadas

Pope Pius XII. “Apostolic Constitution of Pope Pius XII: Defining the Dogma of the Assumption.” Vatican: the Holy See. The Vatican. Web. 1 December 2009.

Rubens, Peter Paul. Assumption of the Virgin Mary. 1626. Cathedral of Our Lady, Antwerp.

Vecellio, Tiziano (Titan). Maria Himmelfahrt, Hochaltar für Sta. Maria Gloriosa die Fari in Venedig. 1516-1518. Santa Maria Gloriosa dei Frari, Venice.