Observaciones finales

     En Cien años de soledad, los bordes de la realidad pueden borrarse para permitir acontecimientos que normalmente no pasarían y, frecuentemente, estos eventos reflejan mitos bíblicos para que el lector reconozca la fluidez de la realidad que se ocupa. Además, lo que se llama “realismo mágico” también sirve de un comentario sobre lo sobrenatural. Por su aplicación de temas bíblicos a su novela, Gabriel García Márquez puede demostrar sus opiniones sobre el tema cristiano.

     Sin embargo, al mismo tiempo, el autor tiene más libertad con lo que dice, porque no tiene las restricciones de un texto sagrado. Por ejemplo, la vida hermética de Remedios, la bella, normalmente sería considerada muy rara; pero, cuando ella sube al cielo en la manera de la Virgen María, sus acciones adquieren más peso. Por eso captiva la atención más que una mujer tan parecida a la Virgen sea considerada una maldición a los hombres. Los intentos de purificar Macondo no tienen éxito, ni necesariamente son éticos, porque solo reflejan la purificación católica: no la son. También, el diluvio no alcanza su meta, aunque es parecido al diluvio de Noé. Por la manipulación de la realidad, García Márquez se libera de todas reglas y está libre para construir la realidad como quiera durante Cien años de soledad, y la realidad que construye no es muy favorable al cristianismo. Los intentos de aplicar los principios cristianos al ambiente de Macondo fracasan siempre y eventualmente se da cuenta de que no hay salvación para la gente de Macondo. Sólo hay las consecuencias y una memoria que siempre se va apagando.