Purificación

La importancia de la purificación

     El mito cristiano que utiliza Gabriel García Márquez en Cien años de soledad no está limitado a los relatos de la Biblia: los dogmas cristianos también funcionan dentro de la historia e impactan los personajes. La purificación ritual tiene mucho significado en la fe católica por el sacramento de la confesión. Es necesario que se purifique para estar digno de entrar en el paraíso. En Cien años, la entrada de los gringos separa a la gente de Macondo de ese estado limpio. Por la presencia de la cultura capitalista, la gente es contaminada. El escritor Carlos Fuentes describe el efecto así: “… there stands a novelistic sign that indelibly identifies us, like those Ash Wednesday crosses that are never to be erased from the foreheads of the seventeen natural sons of Aureliano Buendía: the cross of a scorched earth, the black sign of baptism and also the target of death for the guns of dictatorships and oligarchies…” (García Márquez: On Second Reading 30-31).

     El estado resultante requiere que el coronel Aureliano Buendía intenta de purificar el país de la política conservadora con la guerra. No obstante, las guerras sólo crean más opresión para la gente hasta la purificación de los cielos que llega en la forma de un diluvio que dura más de cuatro años. La lluvia destruye lo que los gringos y el capitalismo han creado. Desafortunadamente, a este punto, el cáncer ya ha comido demasiado del pueblo y su caída continua. No obstante, la idea de la purificación sigue hasta el nacimiento del último Buendía. El bebé está concebido de una manera distinta de los demás y está descrito por su padre como alguien que va a recrear la estirpe Buendía. El renacimiento de la estirpe va a eliminar los pecados recurrentes que han pasado de los padres a los hijos. El final trágico de la novela nos dice que el salvador no puede alcanzar estas metas: fallece antes de que camina. Los intentos de los Buendías de purificarse fracasan porque, como la gente de la Biblia, no están cambiados verdaderamente: sólo quieren la apariencia de conversión mientras hacen todavía lo que los ha condenado.

Purificar por expulsar

     La purificación implica que hay una mancha, un pecado, que hay que limpiar. En el caso de Macondo, la primera mancha en su existencia es que se acepta la llegada de los gringos. Cuando Don Apolinar Moscote, uno de los primeros gringos que llega a Macondo, se enfrenta al patriarca del pueblo, José Arcadio Buendía, sobre su falta de leyes, el hombre de Macondo describe el pueblo así: “<<Somos tan pacíficos que ni siquiera nos hemos muerte de muerte natural>>, dijo. << Ya ve que todavía no tenemos cementerio>>” (García Márquez 75). Hay la oportunidad de evitar los problemas que van a afligir el pueblo, pero José Arcadio Buendía no hace lo que es necesario. En vez de expulsar a Don Apolinar Moscote de Macondo, José Arcadio Buendía permite que él se quede. El patriarca no entiende que el problema de los gringos no se limita a leyes particulares: es su manera de vivir totalmente.

     Por lo tanto, por la falta de visión de José Arcadio Buendía, el estado ideal en que ha existido Macondo está violado porque los gringos que llegan más tarde traen su cultura al pueblo. Por ejemplo, cuando la gente vota en una elección por la primera vez, pierden las posesiones que tienen la potencial de ser armas: “seis soldados armados con fusiles… fueron de casa en casa decomisando armas de cacería, machetes y hasta cuchillos de cocina… (García Márquez 121). Después del voto, se aprende que “…los soldados se habían llevado las armas decomisadas como prueba de que los liberales se estaban preparando para la guerra” (García Márquez 123).

Purificar por confesear

     Las acciones del gobierno exigen que el pueblo se purifique de los gringos para que pueda regresar al estado antiguo. La admisión de los Buendías que tolerar los gringos fue un error, es muy similar a la idea católica de la confesión y las acciones que hacen ellos después para expulsar a los gringos son parecidas a la penitencia. Para confesarse, se admite sus pecados al cura y hace penitencia para absolverse y asegurar que se vaya al cielo si se muera. En su articulo “How to Make a Good Confession,” Monsignor Charles M. Mangan la describe así: “…the penitent honestly names the sins of which he is guilty… The confessor gives some valuable counsel to the penitent… [and] also assigns a penance which is to help repair the injustice which the penitent has caused by his sins.” En el caso de la familia Buendía, la admisión llega del hijo Aureliano Buendía. Cuando él ve los abusos de los gringos, Aureliano se da cuenta del su pecado y es la única persona que intenta de quitarlo. La penitencia es la pérdida de él porque se va a distinguir su vida por la guerra: “El martes a medianoche, en una operación descabellada, veintiún hombres menores de treinta años al mando de Aureliano Buendía, armados con cuchillos de mesa y hierros afilados, tomaron por sorpresa la guarnición [de los gringos]… Se fueron al amanecer…” (García Márquez 128).

Purificar por luchar

     Aureliano, quien se declara “el coronel Aureliano Buendía,” es la figura de la novela que pelea más para limpiar el pueblo de la influencia de los gringos. García Márquez describe su carrera militar así: “El coronel Aureliano Buendía promovió treinta y dos levantamientos armados y los perdió todos… Llegó a ser comandante general de las fuerzas revolucionarias, con jurisdicción y mando de una frontera a otra, y el hombre más temido por el gobierno…” (129). Los intentos del coronel reflejan la idea de la purificación física: quiere destruir los monumentos que han construido sus enemigos para que su gente tenga una apariencia pura. El coronel suena muy similar a los profetas judíos del Antiguo testamento de la Biblia, como Jeremías, quien vio los pecados de su gente muy claramente: “Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua” (2:13).  El problema es que no es la intención del coronel que los corazones de la gente se purifiquen.

     Obviamente, Aureliano Buendía quiere que su pueblo sea libre de los gringos: tiene una historia de guerra que lo prueba. Sin embargo, cuando Aureliano Buendía y su banda original de compañeros salen de Macondo, “apenas tuvieron tiempo de despedirse de sus esposas, a quienes abandonaron a sus propios recursos” (García Márquez 128). No hay direcciones ni comunicaciones entre los rebeldes y sus familias. La gente en casa no puede seguir sus parientes porque no se sabe lo que quieren. La gente que no está en el campo con los revolucionarios sigue viviendo bajo los gringos ya que no hay instrucciones que haga otra cosa. Los revolucionarios persiguen el cambio en la guerra pero no persiguen la solución verdadera. Aún al nivel familiar, hay una división causada por las acciones del coronel que no permite que resuelvan los problemas de Macondo.

     Las revoluciones del coronel no pueden tener éxito porque no crean la unidad que caracterizaba el Macondo antiguo. Por este problema fundamental, el coronel no alcanza lo que quiere. En vez de un golpe de estado, se convierte en parte de la imaginación colectiva. El resultado de esta énfasis que pierde la causa verdadera de los problemas es que él se vuelve parte de la cultura que García Márquez describe así en una entrevista: “… reality [that] is also the myths, beliefs, and legends of the people. These are their everyday life and they intervene in their victories and defeats” (Conversations with Gabriel García Márquez 10). El coronel Aureliano pierde su poder físico y se vuelve una persona mítica cuyas posesiones son recuerdos de los jóvenes (García Márquez 372). Como su padre no percibió lo que fue necesario cuando habló con Don Apolinar Moscote, Aureliano Buendía ataca el síntoma en vez de la raíz con sus revoluciones. Eventualmente, la narrative sigue más allá de las guerras y otro intento de purificación llega al pueblo. Este intento trata de purificar Macondo de una manera más completa que las guerras civiles: es un diluvio que expulsa a los gringos y sus compañías de Macondo.

Purificar por inundar

     El diluvio de Cien años de soledad no es un diluvio normal. No termina después de una semana ni aun después de una estación: “Llovió cuatro años, once meses y dos días” (García Márquez 375). El diluvio sigue el abuso más grande de la compañía bananera de los gringos: la masacre de tres mil obreros y la mentira subsiguiente que nadie ha muerto (García Márquez 368). Aunque tres mil personas han desaparecido, la gente cree la mentira y la vida pasa como normal. La gente de Macondo ha permitido tanto y han sido tantos abusos por los gringos que el único recurso posible es purgar el pueblo completamente. El crítico Michael Bell dice en su estudio Gabriel García Márquez: Solitude and Solidarity que la naturaleza mágica del diluvio refleja la escala de los pecados de Macondo para que García Márquez pueda declarar su punto: “The very events are hyperbolic… For Márquez is also attempting not so much to describe a known world as to expand and enrich the sensibility in which any such ‘world’ is perceived” (59). Por el diluvio, los gringos salen de Macondo y sus industrias están arruinadas. La prosperidad material que ha caracterizado el pueblo desde la llegada de los gringos desaparece. Aureliano Segundo, el Buendía más rico antes del diluvio, pierde todos sus animales que lo han ganado su fortuna: “sólo encontró [de sus manadas] el cadáver del caballo, y una mula escuálida entre los escombros de la caballeriza” (García Márquez 382). Desafortunadamente, a pesar de la salida de los gringos, el daño ya es demasiado para conservar el pueblo y aún continua su caída. Este evento purificante tiene una inspiración bíblica bastante clara: el diluvio de Noé.

     Como el Macondo dominado por los abusos de los gringos, el ambiente en que vivió Noé se caracterizaba por los pecados de su gente: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5). Los pecados de la gente son tantos que Dios escoge que la mejor cosa para el mundo es purgarlo de los hombres pecaminosos. Hay un solo hombre, Noé, quien no es de gran maldad como los demás y por eso Dios lo conserva, con su familia también, durante un gran diluvio que purga el mundo del resto de la humanidad: “[En] El año seiscientos de la vida de Noé… fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches” (Génesis 7:11-12).

El diluvio

El diluvio

     Cuando termina el diluvio, la gente que ha sobrevivido puebla el mundo otra vez. Sin embargo, muy pronto hay pecados otra vez. Aunque la otra gente ha desaparecido, la familia de Noé aún quiere pecar. Cuando escribe Cien años de soledad, García Márquez reconoce que el pecado sigue viviendo porque lo queremos, como expresa Fuentes: “García Márquez realizes that our history is not merely inevitable: in some obscure way, we have also desired it” (One Hundred Years of Solitude: A Casebook 31). Así el diluvio, aunque ha purgado Macondo de los gringos, no puede salvar el pueblo porque ya quiere sus pecados y no quiere cambiar su manera de vivir. Los Buendías que sobreviven el diluvio no trabajan para mejorar el pueblo ni siquiera mantenerlo. El amor de la riqueza ha desaparecido, pero el egoísmo asume el lugar que ya había ocupado desde que José Arcadio Buendía no pudo ver más allá de los efectos inmediatos para sí mismo cuando habló con Don Apolinar Moscote sobre las leyes. Entonces, con los últimos Buendías, las consecuencias de la falta de purificación verdadera están demostradas. Aureliano Babilonia predice que, con el nacimiento de su hijo, la estirpe de los Buendías será renacida, pero, porque no quiere dejar sus pecados, la destrucción de Macondo es el único resultado.

Purificar por renacer

     Al comienzo de la vida del último Buendía, hay esperanza que él es un indicio de cambio en la estirpe. Es “el único [Buendía] en un siglo que había engendrado con amor”  y su madre, Amaranta Úrsula, quiere que tenga otro nombre que los típicos de los Buendías (García Márquez 489). Éstas son primeras indicaciones el camino de la familia Buendía va a cambiar su dirección. Esta esperanza sólo dura hasta Aureliano Babilonia habla sobre su hijo: “Se llamará Aureliano y ganará treinta y dos guerras” (García Márquez 489). El padre dice que quiere que su hijo renazca la estirpe, pero quiere que él lo haga por hacer las mismas cosas como sus antepasados. El hombre quiere rejuvencer su familia, pero no quiere que deje el camino destructivo que la ha traído hasta este punto. Así que no es sorprendente que, aunque los padres no lo saben, su hijo sigue en los pasos de los primeros hijos de José Arcadio Buendía y su prima Úrsula en que es el producto del incesto. El camino de este bebé ya está hecho y no hay nada que se puede hacer para evitar su fin terrible.

Purificar por destruir

     Además de las circunstancias de su concepción, hay una indicación inescapable que el bebé Aureliano no va a lograr lo que cree su padre: hay una profecía sobre su vida: “El primero de la estirpe está amarrado en un árbol y al último se lo están comiendo las hormigas” (García Márquez 493). La primera parte de la profecía refiere a José Arcadio Buendía, pero la segunda mitad tiene que ver con este niño y predice bien su destino espantoso. Amaranta Úrsula no lo puede evitar porque murió por el parto de su hijo y el egoísmo de Aureliano Babilonia es tan grande que no hace nada cuando ve que las hormigas están llevando su hijo a sus madrigueras para comerlo. Por eso los pecados de los Buendías que no han sido curados han condenado su esperanza para el futuro. Muy pronto, después de tantos intentos falsos de purificación por la familia Buendía, la purificación verdadera se revela: la estirpe Buendía tiene que terminar. Cuando Aureliano se da cuenta de su destino, está matado por un viento terrible y así los pecados de los Buendías están purificados.

     La familia Buendía no puede purificarse porque, como los judíos de la Biblia, no está cambiada verdaderamente: sólo quiere aparecer convertida mientras continúa haciendo lo que la ha condenado. La purificación se revela como tema recurrente en Cien años de soledad, y también la incapacidad del Buendía de abandonar sus pecados. Aunque a veces reconoce que ha causado muchos problemas, nunca quiere cambiar de sus costumbres. Por su falta de deseo verdadero de cambiar, el consejo de José Arcadio Buendía, las guerras del coronel Aureliano Buendía, el diluvio, y el nacimiento del último Aureliano fracasan en sus esfuerzos de salvar a la familia. Aunque el cristianismo tiene mucho que ver con su narrativa, los miembros de la familia Buendía pecan tanto que no pueden estar salvados. El destino de la estirpe sirve como advertencia que la transformación llega sólo por un corazón cambiado verdaderamente y que, sin abandonar las tendencias destructivas, hay sólo muerte.

 

 

Citas

Biblegateway.com. Zondervan Corporation. Web. 14 November 2009.

Mangan, Charles. “How to Make a Good Confession.” Catholic.org. Catholic Online, 14 July 2004. Web. 13 November 2009.